Auténtico espectáculo lo que ofreció ayer este dúo británico en la primera jornada de Sónar Festival, con un montaje visual que dejó asombrado a todos los allí presentes.


EFE. El público de la primera jornada del festival Sónar ha bailado hasta perder el mundo de vista al ritmo de las descargas electrónicas de The Chemical Brothers y se ha dejado hipnotizar por el montaje visual que acompaña al nuevo espectáculo del dúo británico.

Los hermanos químicos han utilizado el Sónar Noche como plataforma de lanzamiento internacional de su disco “Born in the echoes“, que saldará a la luz el próximo mes de julio y que hoy se ha podido escuchar a todo volumen y en directo en la Fira Gran Vía de L’Hospitalet (Barcelona), donde se celebran los conciertos nocturnos de este multitudinario festival, que hoy arranca y se prolongará hasta el sábado.

Los maestros de la música electrónica han actuado ante 13.000 espectadores, una cifra que podría parecer alta en otro contexto, pero que en el Festival Sónar es un lujo reservado para la jornada inaugural, a la que sólo pueden asistir los acreditados y los afortunados que han conseguido una invitación mediante sorteo.

El próximo sábado, The Chemical Brothers volverá a actuar en el mismo espacio, pero el público tendrá que apiñarse mucho más, ya que está previsto que más de 100.000 espectadores pasen por Sónar a lo largo de tres jornadas.

El concierto estrella de la jornada ha empezado por todo lo alto con luces azules, lásers, humo y “Hey boy hey girls“, todo un himno de la música electrónica de los noventa.

A partir de ahí, Tom Rowlands y Ed Simons han enlazado temas de su nuevo disco con otros de sus siete LP anteriores y han mantenido en órbita al público durante hora y media.

Temas nuevos como “EML” y “Go” se han alternado con clásicos como “Block Rocking Beats“, mientras las pantallas hacían bailar al respetable con imágenes tan rítmicas como la música.

Sepultados entre sintetizadores, platos, mesas de mezclas y quién sabe que más, Tom Rowlands y Ed Simons han cedido el protagonismo visual a las pantallas, donde se han sucedido momias bailarinas, patinadores, máscaras, perfiles corriendo y pelotas de colores que explotaban en el momento álgido de la música.

Pero lo mejor ha quedado para el final, cuando ha sonado “Under Influence” bajo los rayos de luz que lanzaban dos robots gigantes o cuando un enorme reflector de luz colgante ha iluminado los sonidos insistentes de “Block Rocking Beats“.

En algunas zonas el calor era asfixiante y la música ensordecedora, pero lo cierto es que el inmenso espacio del escenario SonarClub permite que cada espectador busque su sitio, y mientras los amantes del estruendo perdían la cabeza en las primeras filas, los más bailongos han podido explayarse a sus anchas en los laterales y la parte de atrás.

Un gran inicio para la sede nocturna del festival, que durante el día también ha tenido momentos memorables como la radicalidad sonora de Autechre, el exquisito show de Arca y Jesse Kanda o los sabrosos temas pop destinados a la pista de los siempre efectivos Hot Chip.

En la línea experimental, el tándem franco británico formado por Joanie Lemercier y James Ginzburg ha sumergido, a quienes han osado penetrar en el auditorio del Sónar Complex, en una carta de ajuste maldita, un poltergeist de infinitas explosiones sonoras, ecos tenebrosos y latidos de ametralladoras.

Muchas emociones tanto en el recinto de Montjuïc que acoger las propuestas diurnas como en el de L’Hospitalet que acoge las nocturnas. Y esto sólo es el principio.

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